viernes, 16 de febrero de 2007

La Educación, una realidad

Por Diana Patricia Guarín Jiménez

La profesión del docente ha sido una de las más difíciles durante todos los tiempos, empezando por la responsabilidad que lleva en sus hombros el maestro al tomar un grupo de niños y convertirlos en personas útiles para la sociedad; buscando concientizar a esos infantes de lo importante que será su aporte para el crecimiento de la comunidad; asumiendo el rol de padre y madre de muchos estudiantes que no encuentran una imagen de autoridad en sus hogares; incluso personalizando la ley para poder lograr que los alumnos la interioricen.Todas estas responsabilidades, sumadas al riesgo que tendría dejar en manos de personas inescrupulosas a un manojo de niños, le genera a la pedagogía la obligación de evolucionar para preparar personas cada vez más idóneas que formen y eduquen a los hombres del mañana, integrantes de la sociedad del futuro. Dicha obligación la ha asumido la pedagogía durante siglos con la intención de dejar como legado a los maestros del futuro, los procedimientos más indicados para desarrollar su labor de manera cada vez mejor; de ahí que durante la preparación para el desempeño de la labor docente, se rememoren un sin fin de pedagogos que han trabajado toda su vida en desarrollar estrategias y metodologías no sólo para enseñar, sino también para optimizar el aprendizaje.Sin embargo todo ese trabajo se viene al suelo cuando se permite que un profesional no licenciado pueda ejercer la tarea de docencia; en ese momento se pierde por completo toda la intención de la pedagogía, se denigra la labor realizada por tantas personas que vivieron con la finalidad de formar mejores hombres; y ni qué hablar de la vocación, que se convierte en un valor desestimado, subvalorado y deteriorado; entonces de qué sirve querer la enseñanza si no se retribuye; para qué se estudia licenciatura si cualquiera puede ejercer como docente.La única conclusión que podríamos sacar de esto es que sin ninguna motivación para ser docente, ni siquiera la valoración, esta profesión y el arte de enseñar tienden a desaparecer y que lo único que motivaría la no deserción sería responder ¿Para qué estudiar licenciatura, si cualquiera puede ejercer la docencia?

El COLOMBIANO DE MEDELLIN 14 DE Febrero de 2207

1 comentario:

Tomás Ernesto dijo...

Este artículo esta muy bueno, aunque hay que actualizarla